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El Monte Buciero o Monte de Santoña es una península unida al continente por un tómbolo o franja estrecha de arena donde se localiza la playa de Berria.
De forma casi circular y topografía escarpada, tiene una extensión aproximada de 600 hectáreas.
Presenta una de las mayores superficies de encinar cantábrico y la zona de mayor interés de conservación de este tipo de flora en la Península Ibérica.
Peña Ganzo, con 378 metros, representa la mayor de las cinco elevaciones principales que componen el macizo calizo del Buciero.
La especie que caracteriza este tipo de formación es la encina cantábrica que presenta unos rasgos ecofisiológicos que la diferencian de la subespecie mediterránea. Así, la cantábrica presenta una distribución de tendencia litoral o sublitoral, un carácter más higrófilo y hoja de tipo laureloide. El encinar del Buciero es florísticamente muy diverso, con abundancia de especies atlánticas e incluso pianocaducifolias.
Las condiciones ambientales que reinan en su interior generan un microclima que favorece el desarrollo de una elevada diversidad de especies, particularmente lianas y arbustos, asemejándose de alguna forma a los ambientes de laurisilva presentes en la distante Macronesia. |
Especies MEDITERRÁNEAS.
Encina.
Laurel.
Madroño.
Labiérnago.
Especies ATLÁNTICAS .
Avellano
Roble.
Acebo.
Tejo.
Haya.
Arce.
Otras Especies
Majuelos.
Mostajos.
Castaños.
Serbales.
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El progresivo cambio hacia otro ambiente más propicio a las especies atlánticas disminuyó la extensión del encinar, que se conserva únicamente en zonas rocosas y calizas, beneficiándose de su adaptación a situaciones de aridez que otras especies más exigentes en humedad no pueden soportar.
Se trata de un ecosistema forestal con un excepcional grado de conservación, combinando la presencia de gran variedad de especies mediterráneas relictas (encina, laurel, madroño, labiérnago) con otras de carácter más atlántico que aprovechan áreas con menor sequedad y mayor espesor del suelo (avellano, roble, acebo, tejo, haya, arce). También aparecen majuelos, mostajos, castaños o serbales.
El ecosistema forestal resultante se caracteriza por su fuerte enmarañamiento debido a la profusión de plantas trepadoras como la hiedra o la zarzaparrilla, que dan al bosque un aspecto de pared impenetrable.
En la parte baja del sotobosque se presentan también herbáceas como el tomillo, el uz, la hierba de San Juan, la rubia peregrina, la raspalengua o la lechera, además de singularidades botánicas como el espliego, la cornicabra, el rosal silvestre, la hierba del alacrán, el hisopillo o el durillo.
El frondoso encinar sirve de refugio a una rica y variada fauna. Así, más de 30 especies de mamíferos moran en el intrincado corazón boscoso del monte, sobresaliendo los esquivos tejones, martas, garduñas y ginetas (las dos últimas, claras indicadoras biológicas de calidad ambiental), el erizo, el lirón careto, la comadreja, el conejo o el oportunista zorro.
También cobija distintas especies de aves como el gavilán, el cárabo, la lechuza, el petirrojo, el carbonero, el verderón o la curruca cabecinegra; y reptiles y anfibios como el lagarto verde, la ranita de San Antonio, el lagarto verdinegro o la víbora común.
De este modo, el encinar relicto o costero del Buciero se configura como el de mayor valor, importancia y extensión de toda la cornisa cantábrica, a la vez que uno de los de mayor fragilidad por su situación de enclave dentro de una región bioclimática diferente, lo que hace muy complicada su recuperación en caso de ser destruido. Por ello, es responsabilidad de todos conservar, a la vez que disfrutar, este testigo viviente de épocas remotas.
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Los acantilados del Buciero muestran al observador paisajes de gran espectacularidad, con caídas verticales que llegan a superar los 200 metros en la zona oriental del Monte (Punta del Caballo o Peña del Fraile).
Este impresionante relieve es resultado de la acción erosiva del mar en combinación con la verticalidad de los estratos calizos. Aparte de su interés paisajístico, estas áreas poseen gran valor por su singularidad desde el punto de vista botánico y faunístico. Colonizan los grandes escarpes distintos cinturones de plantas halófitas (resistentes a la salinidad) capaces de soportar las duras condiciones climáticas de este entorno, coronado por las encinas que literalmente "cuelgan" sobre los acantilados.
En cuanto a la fauna, además de una interesante población de invertebrados, destaca la presencia de aves marinas que anidan en los cortados, como el cormorán moñudo (que presenta en el Buciero una de las mayores colonias del Norte de España).
También habitan en estos acantilados rapaces como el milano negro, el cernícalo o el halcón peregrino, y otras especies adaptadas al acantilado como el roquero solitario.
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El macizo calcáreo del Monte Buciero presenta una marcada karstificación, proceso que resulta de la alteración química de la roca por el agua de lluvia, que, cargada de CO2, da lugar a variadas formas de disolución tanto en superficie como subterráneas.
Las más comunes, generadas por la karstificación en superficie, son los lapiaces o garmas (acanaladuras y surcos producidos por la acción del agua), las dolinas, torcos o chóreos (depresiones con forma de embudo) y las uvalas (unión de varias dolinas). Por su parte, la disolución en el interior del macizo calcáreo da lugar a grandes complejos de cavidades subterráneas donde residen varias especies de murciélagos.
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